Dormir bien, crecer mejor

Abr 1, 2025

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El sueño es una parte fundamental en el desarrollo infantil, ya que influye en el crecimiento físico, el aprendizaje, la memoria y el bienestar emocional de los niños. Durante el descanso, el cerebro procesa la información del día, se consolidan nuevas habilidades y el cuerpo se recupera para afrontar nuevas experiencias. Sin embargo, muchos padres enfrentan dificultades para establecer buenos hábitos de sueño en sus hijos, lo que puede afectar su salud y comportamiento. Comprender la importancia del descanso, conocer las horas recomendadas según la edad y aprender estrategias efectivas para mejorar la calidad del sueño puede marcar una gran diferencia en la vida de los niños y en la armonía familiar.

¿Por qué es importante el sueño en los niños?

El sueño es fundamental para el desarrollo físico, mental y emocional de los niños. Algunas razones clave por las que es tan importante incluyen:

1.Crecimiento y desarrollo: Durante el sueño profundo, el cuerpo libera la hormona del crecimiento, esencial para el desarrollo físico y la reparación de tejidos.

2.Desarrollo cerebral: Mientras duermen, los niños procesan lo que han aprendido durante el día, consolidando la memoria y fortaleciendo habilidades cognitivas.

3.Salud emocional y bienestar: Un sueño adecuado ayuda a regular el estado de ánimo y reduce la irritabilidad, la ansiedad y el estrés.

4.Fortalecimiento del sistema inmunológico: Dormir bien permite que el cuerpo combata mejor infecciones y enfermedades.

5.Mejor atención y aprendizaje: Los niños que descansan adecuadamente tienen una mayor capacidad de concentración, lo que mejora su desempeño escolar y su capacidad para resolver problemas.

6.Prevención de problemas de salud: La falta de sueño está relacionada con obesidad, problemas cardiovasculares y un mayor riesgo de diabetes en el futuro.

Por estas razones, es fundamental establecer rutinas de sueño saludables desde la infancia.

¿Cómo se crean buenos hábitos para hacer dormir a un niño?

El sueño es esencial para el crecimiento, desarrollo y bienestar de los niños. Sin embargo, muchos padres enfrentan dificultades para establecer rutinas saludables que garanticen un descanso adecuado. Para ayudar a los niños a dormir mejor, es clave establecer hábitos sólidos desde una edad temprana.

1.Establecer una rutina de sueño consistente
Uno de los pilares fundamentales para mejorar el sueño de los niños es la regularidad. El cuerpo humano funciona con un reloj biológico interno que regula el sueño y la vigilia. Cuando los niños tienen horarios inconsistentes para acostarse y despertar, su organismo puede confundirse y generar dificultades para conciliar el sueño.
Consejos para establecer una rutina de sueño:
-Fijar una hora estable para dormir y despertar, incluso los fines de semana.
-Seguir una secuencia de actividades relajantes antes de dormir (baño, lectura de cuento, luz tenue).
-Evitar actividades estimulantes como videojuegos, televisión o juegos activos al menos una hora antes de dormir.
-Asegurar que los padres o cuidadores mantengan la misma rutina cada noche, ya que la constancia ayuda al niño a sentirse seguro.
Los niños responden bien a las rutinas, y cuando saben qué esperar, su cuerpo se prepara automáticamente para el descanso.

2. Crear un ambiente adecuado para dormir
El entorno en el que los niños duermen influye directamente en la calidad de su descanso. Un espacio tranquilo, oscuro y cómodo favorece la conciliación del sueño y evita despertares nocturnos innecesarios.
Factores clave para un buen ambiente de sueño:
– Oscuridad: La luz puede interferir en la producción de melatonina, la hormona del sueño. Si el niño tiene miedo a la oscuridad, se puede usar una luz nocturna tenue.
– Silencio o sonidos suaves: Los ruidos fuertes pueden interrumpir el sueño. Se pueden usar sonidos relajantes como ruido blanco o música suave.
– Temperatura adecuada: Una habitación entre 18°C y 22°C es ideal. Ni demasiado calor ni demasiado frío.
– Cama cómoda: Un colchón y almohada adecuados a la edad del niño pueden mejorar su descanso.
Es importante que los niños asocien su habitación con el descanso y no con actividades estimulantes como ver televisión o jugar con dispositivos electrónicos.

3. Cuidar la alimentación y actividad física
Lo que los niños comen y hacen durante el día también influye en su descanso. Una dieta equilibrada y suficiente actividad física pueden favorecer un sueño profundo y reparador.
Recomendaciones sobre alimentación y sueño:
-Evitar comidas pesadas o ricas en azúcar antes de dormir, ya que pueden generar energía extra.
– No ofrecer bebidas con cafeína como refrescos, té o chocolate en la tarde o noche.
– Incluir en la cena alimentos ricos en triptófano, como leche, plátano o avena, que favorecen la producción de melatonina.
Ejercicio y sueño:
-La actividad física durante el día ayuda a que los niños liberen energía y duerman mejor. Evitar juegos intensos o deportes justo antes de acostarse, ya que pueden sobreestimular al niño.

4. Controlar las siestas según la edad
Las siestas son importantes, pero si no se manejan bien, pueden afectar el sueño nocturno.
Recomendaciones sobre las siestas:
-Bebés (0-12 meses): Pueden hacer varias siestas al día.
-Niños pequeños (1-3 años): Generalmente necesitan 1 o 2 siestas diarias.
-Preescolares (3-5 años): Una siesta corta (30-60 min) después del almuerzo puede ser beneficiosa.
-Mayores de 5 años: La mayoría ya no necesita siestas, pero si las toman, deben ser cortas y no demasiado tarde en el día.
Si el niño tiene dificultades para dormir en la noche, revisar si la siesta es demasiado larga o demasiado tarde en la tarde.

5. Ayudar al niño a calmarse antes de dormir
Algunos niños pueden resistirse a dormir porque sienten ansiedad, miedos o simplemente no quieren separarse de sus padres.
Estrategias para promover la relajación:
-Establecer una rutina relajante con actividades tranquilas (como leer un cuento o escuchar música suave).
-Practicar ejercicios de respiración o estiramientos suaves para relajar el cuerpo.
-Evitar temas de conversación que generen ansiedad antes de dormir.
-Si el niño tiene miedos nocturnos, validarlos sin reforzarlos. Por ejemplo, en lugar de buscar “monstruos” en la habitación, ofrecer una luz tenue y palabras de seguridad.

6. Evitar el uso de pantallas antes de dormir
El uso de pantallas (televisión, tabletas, teléfonos, videojuegos) antes de acostarse es una de las principales causas de problemas para dormir en los niños.
Por qué las pantallas afectan el sueño:
-La luz azul de los dispositivos bloquea la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño.
– Los contenidos estimulantes (dibujos animados, videojuegos) activan el cerebro en lugar de relajarlo.
– Puede generar dependencia y hacer que el niño quiera ver más contenido en lugar de dormir.

7. Ser paciente y constante
Implementar buenos hábitos de sueño toma tiempo. Es normal que los niños necesiten varias semanas para adaptarse a una nueva rutina.
Consejos para mantener la constancia:
-No ceder fácilmente si el niño pide quedarse despierto más tiempo.
-Mantener la calma y ser firmes en la rutina establecida.
-Felicitar al niño cuando sigue las reglas del sueño.
Si el niño sigue teniendo dificultades para dormir a pesar de todos estos cambios, puede ser útil consultar con un pediatra para descartar posibles problemas médicos o emocionales.
Crear buenos hábitos de sueño en los niños es un proceso que requiere paciencia, constancia y amor. Con una rutina estable, un ambiente adecuado y hábitos saludables, los niños pueden mejorar su descanso, lo que beneficiará su desarrollo, estado de ánimo y bienestar general.

¿Cuánto debe dormir un niño según su edad?

La cantidad de sueño que un niño necesita varía según su edad, ya que su cuerpo y cerebro están en constante desarrollo. Aquí tienes una guía basada en las recomendaciones de la Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM) y la Fundación Nacional del Sueño:

Edad del niño Horas recomendadas de sueño por día
Recién nacidos (0-3 meses) 14-17 horas (incluidas siestas)
Bebés (4-12 meses) 12-16 horas (incluidas siestas)
Niños pequeños (1-2 años) 11-14 horas (incluidas siestas)
Preescolares (3-5 años) 10-13 horas (incluidas siestas)
Escolares (6-12 años) 9-12 horas
Adolescentes (13-18 años) 8-10 horas

Factores a tener en cuenta
-Cada niño es diferente: Algunos pueden necesitar más o menos horas dentro del rango recomendado.
-Las siestas son clave en los primeros años: En bebés y niños pequeños, las siestas complementan el sueño nocturno.
-Los adolescentes suelen dormir menos de lo recomendado: Debido a cambios hormonales y hábitos tecnológicos, pueden tener dificultades para dormir lo suficiente.

Si notas que tu hijo está constantemente cansado, irritable o tiene problemas de concentración, puede ser una señal de que no está durmiendo lo suficiente.

¿Existen trastornos específicos del sueño en niños?

Los niños pueden experimentar diversos trastornos del sueño que afectan su descanso y bienestar. Algunos de estos problemas son transitorios y pueden solucionarse con cambios en la rutina, mientras que otros requieren evaluación y tratamiento especializado.

1. Insomnio infantil: se manifiesta con dificultades para conciliar o mantener el sueño, despertares nocturnos frecuentes o despertar demasiado temprano. Las causas pueden estar relacionadas con malos hábitos de sueño, estrés, ansiedad o el uso excesivo de pantallas antes de acostarse. Para ayudar a los niños con insomnio, es clave establecer una rutina constante, crear un ambiente relajante antes de dormir y evitar alimentos o dispositivos electrónicos que puedan estimularlos en exceso.

2. Apnea del sueño infantil: es una condición en la que la respiración se interrumpe brevemente durante el sueño debido a una obstrucción en las vías respiratorias. Los niños con apnea suelen roncar fuertemente, tener despertares frecuentes y mostrar signos de fatiga o falta de concentración durante el día. En la mayoría de los casos, la causa principal es el agrandamiento de las amígdalas o adenoides, aunque el sobrepeso también puede ser un factor. Si un niño ronca con frecuencia o muestra pausas en la respiración mientras duerme, es fundamental consultar a un especialista.

3. Terrores nocturnos: son otro trastorno del sueño que preocupa a muchos padres. Durante estos episodios, el niño se despierta gritando, agitado y confundido, pero sin estar realmente consciente. A diferencia de las pesadillas, los terrores nocturnos ocurren en la primera mitad de la noche, cuando el sueño es más profundo, y el niño no recuerda nada al día siguiente. Es importante no intentar despertarlo durante el episodio, sino asegurarse de que esté seguro hasta que pase. Mantener una rutina de sueño estable y evitar situaciones estresantes antes de dormir puede ayudar a reducir la frecuencia de estos episodios.

4. Pesadillas: pueden ser frecuentes en los niños y suelen despertarlos asustados y alterados. Pueden ser causadas por la exposición a contenido aterrador, estrés o cambios importantes en la vida del niño. Para prevenirlas, es recomendable evitar que vean programas o jueguen videojuegos con imágenes perturbadoras antes de acostarse, así como fomentar pensamientos positivos y relajantes en la rutina nocturna. Si las pesadillas son muy frecuentes y afectan el descanso del niño, puede ser necesario consultar con un especialista.

5. Sonambulismo: el niño se levanta de la cama y camina o realiza actividades sin estar realmente despierto. Esto suele ocurrir en la primera mitad de la noche y el niño no recuerda nada al despertar. Aunque puede ser desconcertante para los padres, en la mayoría de los casos no representa un problema grave. Lo más importante es asegurarse de que el ambiente sea seguro para evitar accidentes, mantener la calma y guiar suavemente al niño de vuelta a la cama sin despertarlo bruscamente.

6. Bruxismo infantil: es una alteración del sueño, caracterizada por el rechinar o apretar los dientes mientras el niño duerme. Aunque en algunos casos puede ser inofensivo, cuando es frecuente puede causar desgaste dental, dolor en la mandíbula o dolores de cabeza al despertar. El estrés y la mala alineación dental suelen ser las principales causas. Para ayudar a reducir el bruxismo, se pueden implementar técnicas de relajación antes de dormir y, en casos graves, consultar a un odontólogo que pueda recomendar una férula nocturna.

7. Enuresis nocturna: es el hecho de mojar la cama mientras se duerme, es un problema frecuente en niños mayores de cinco años. Puede estar relacionada con una maduración lenta del sistema urinario, factores emocionales o incluso antecedentes familiares. Es importante evitar castigos o regaños, ya que esto puede aumentar la ansiedad del niño y empeorar el problema. Algunas estrategias útiles incluyen reducir el consumo de líquidos antes de dormir, establecer horarios regulares para ir al baño y ser comprensivo mientras el niño aprende a controlar su vejiga. Si la enuresis persiste más allá de los siete años, es recomendable acudir al pediatra para descartar causas médicas.

Si un niño presenta cualquiera de estos trastornos con mucha frecuencia y esto afecta su descanso o su vida diaria, es importante buscar ayuda médica. Un pediatra o un especialista en sueño infantil podrá evaluar la situación y ofrecer recomendaciones específicas para mejorar su calidad de descanso. Si tienes alguna duda o necesitas consejos más específicos, dime qué te preocupa y con gusto te ayudo.

Para todos los padres

Si estás teniendo dificultades para hacer dormir a tu hijo, recuerda que no estás solo. Muchos padres enfrentan este desafío y, aunque puede ser agotador, con paciencia y constancia lograrás establecer una rutina de sueño saludable.
Lo más importante es mantener la calma y la perseverancia. A veces, los cambios no se ven de inmediato, pero cada pequeño esfuerzo cuenta. Crear un ambiente tranquilo, seguir una rutina predecible y transmitir seguridad a tu hijo hará una gran diferencia con el tiempo.
Si hay noches difíciles, respira hondo y recuerda que esto es solo una etapa. Con amor, paciencia y consistencia, pronto verás mejoras. Tú lo estás haciendo bien y, más importante aún, tu hijo siente tu amor y tu dedicación. ¡Ánimo!

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